Archivos del poder, MARTÍN MORENO

“MI SALIDA DE EXCELSIOR”

“La libertad no es nada más que una oportunidad para ser mejor”. Albert Camus

“Necesitamos los espacios de tu columna en Excélsior”, me dijo un funcionario de Grupo Imagen Multimedia hace unos días.

Ante esa orden —lectores desde hace nueve años de estos Archivos del poder—, nada puedo hacer. Los dueños de periódicos y de los espacios pueden disponer de ellos cuando quieran. Es como la base por bolas: no hay defensa. Sólo queda entregarlos y seguir hacia adelante.

Que quede claro: yo no renuncio.

Y por supuesto que mis columnas y textos seguirán leyéndose o escuchándose. Eso no se altera. Archivos del poder  fueron cambiados de sección hace algún tiempo —pasó de páginas centrales de la primera sección a otra llamadaComunidad—, pero en ese momento dije: se cambia la sección, pero la pluma es la misma. Sigue intacta.

Hoy, mi respuesta en atención a los lectores es similar: esta pluma sigue intacta. Libre. Crítica. Plural.

Por el momento, seguimos en radio los domingos —en noticiero de 2 a 4 pm y enReporte a debate de 7 a 8 pm— por Reporte 98.5 FM, donde transmitimos desde hace más de diez años. Por el momento, allí continuaremos.

Seguiré escribiendo columna, los miércoles, en el diario digital SinEmbargoMX. Haciendo radio, como ya dije. En puerta, atisbando, están dos trabajos literarios ya asegurados y en desarrollo. Uno, mi primera novela. El otro: mi sexto libro de investigación periodística sobre lo que ocurre en México, un país enfermo, corrompido, con desgobierno. Los Archivos del poder, seguramente, encontrarán otro espacio. De ello nadie tenga duda.

Desde que en junio de 2006 se me invitó a escribir columna política en Excélsior, me hice una promesa, porque es en el periodismo en el que creo, el que he practicado con todas las tormentas que han intentado acallarlo, y que continuaré ejerciendo: un periodismo de crítica, previa investigación; de cuestionamientos, bajo la premisa del rigor reporteril; de denuncia, pero sin difamación ni ofensa personal.

A todos estos valores me he tratado de apegar. Y así seguiré.

Si en la búsqueda de la libertad de expresión se acotan espacios, primero se acaban los espacios que la propia libertad.

Y en esa búsqueda ingenuo sería ni siquiera calcularlo siempre habrá riesgos. Y lo menciono no como queja soy enemigo del victimismo, pero sí como una realidad que a veces el lector sabe o supone, pero que, en ocasiones, es necesario decir:

Como columnista he recibido dos amenazas, una velada por denunciar el secuestro oscuro y trágico de Yolanda Cevallos Coppel— y otra más de manera personal, con escoltas armados, durante la presentación, en la Librería Gandhi, de uno de mis libros: Abuso del poder en México. Vaya paradoja.

Recibir demandas de secuestradoras, por “el caso Wallace”, o de exprófugos de la justicia molestos porque se revive su pasado turbio y que, desde ahora, deben saber que el pasado no se borra y que pronto, seguramente, se conocerá su historia a detalle. No intimidan.

Ése es el camino del periodismo crítico, plural, libre y abierto: los riesgos de profesión.

En estos Archivos del poder he preferido dar voz a las víctimas que a los políticos “amigos”. Puedo mostrarles cien columnas de denuncia o de abusos del poder. No podré enseñarles una donde se cite el cumpleaños de un político. Hay columnistas y columneros.

Aquí les revelé, antes que nadie, en febrero de 2011, que Nazario Moreno no había muerto. O la inocencia de Lorena González del caso Martí. Y muchos más. No me equivoqué.

Ése es el periodismo en el que creo.

“Necesitamos los espacios de tu columna en Excélsior”, me pidieron.

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