México saldrá del Acuerdo de París; No quiere invertir en energías limpias

Cuando México firmó este acuerdo, el gobierno se obligó a incrementar la generación de energía limpia para alcanzar, en 2024, un 35% del total producido. Es decir que poco más de un tercio de la energía consumida tendría que ser limpia o, lo que es lo mismo, proveniente de fuentes hídricas, nucleares, solares, de viento, geotérmicas o de gas natural.

El país había alcanzado un rango de 25% de generación proveniente de energías limpias, antes de que Andrés Manuel López Obrador tomara la Presidencia, es decir, que la actual administración estaba obligada a crecer la plataforma de fuentes limpias para sumar un 10% más antes de 2024. No obstante, el gobierno de López Obrador decidió, que no se invertiría un solo peso más en la generación de energía limpia.

A lo anterior se debe agregar la reciente iniciativa anunciada por el mandatario mexicano que tiene como columna vertebral condicionar el despacho de energía a partir de criterios que mandan a la cola los watts obtenidos a partir de sol, viento o gas.

Aunque esta ley priorizaría la energía lograda a partir de presas de agua y nucleoeléctricas, lo que en realidad se está promoviendo es que las energías sucias, las que provocan mayor daño a la atmósfera recuperen terreno en demérito de las demás, ya que México no cuenta con la estructura ni el presupuesto para poner a trabajar las energías limpias, mostrándose como una excusa para el uso primordial de hidrocarburos.

Se trata de una toma de posición que obviamente terminará crispando la relación con el resto de las potencias económicas del mundo.

“Renunciar al Acuerdo de París, por la vía de los hechos, hace parecer a México como una suerte de gorrón que quiere subirse al autobús del siglo XXI sin pagar el boleto.” Mencionó la Revista Proceso.

En su época dijo Enrique IV de Francia que París bien valía una misa. Es momento de preguntarle al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, si priorizar la energía sucia vale tanto como para darle la espalda a París y a todas las demás capitales del mundo comprometidas con el medio ambiente, puntualmente, con reducir la emisión de gases de efecto invernadero que tanto daño hacen al planeta.

Con información de Revista Proceso

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