¿TPP, BENEFICIOSO? Enrique del Val Blanco

Las justificaciones dadas hasta ahora para mantener en secreto el Acuerdo de Asociación Transpacífico, TPP por sus siglas en inglés, lo único que han provocado son suspicacias mayores. Este mes lo firmaron los ministros de comercio y hasta hoy no se conoce todo su contenido. Sin embargo, algunos puntos ya se han filtrado, y no sólo en México sino en casi todos los países firmantes se están desarrollando protestas.

Lo han querido vender como “el acuerdo del siglo”, entre 12 países firmantes que, se afirma, representan el 40 por ciento de la economía mundial, pero cada día son más las voces que muestran su preocupación y ven que en realidad es un tratado bajo la hegemonía de Estados Unidos para restringir la presencia comercial y política de China. El presidente Barack Obama ha señalado que “el TPP será el mecanismo para limitar la creciente presencia de los productos chinos en el área de influencia estadounidense”, agregando que “sin este acuerdo los competidores que no comparten nuestros valores, como China, decretarán las reglas de la economía mundial”. ¿A qué valores se referirá el presidente? Esta declaración demuestra que los países firmantes se pliegan ante el imperio neoliberal.

Entre los que afirman que el TPP no es tan beneficioso está el presidente del Instituto de Estrategia Económica, señor Clyde Prestowitz, quien dijo que México tiene mucho más que perder que ganar con el TPP, especialmente si otros países entran al acuerdo. Según lo que declaró a los medios de comunicación, nuestro país perdería 500 mil empleos. También este mes, el premio Nobel, Joseph Stiglitz, junto con Adam S. Hersh han publicado un artículo en donde claramente argumentan que el TPP no gira alrededor del libre comercio, sino en torno de los intereses de las grandes corporaciones multinacionales y sus lobistas, que han sido quienes lo negociaron durante los últimos cinco años. Asimismo menciona que “las disposiciones del TPP van a restringir la competencia abierta y elevarán los precios que pagan los consumidores en EU y en todo el mundo, lo que constituye un anatema para el libre comercio”.

Una de las mayores aberraciones del tratado es que se pretende utilizar el sistema de arbitraje de diferencias Estado-Inversor, por sus siglas en inglés ISDS, para dirimir las controversias, ante el cual los Estados soberanos se someten no a sus legislaciones, sino a un panel de jueces particulares donde los inversionistas extranjeros pueden demandar cualquier acción de los Estados que, según las corporaciones, afecte a sus interese actuales y, lo que es peor, si consideran que afectan sus ganancias esperadas en el futuro.

Existe un caso concreto de lo que estamos mencionando, señalado en el artículo del Nobel Stiglitz. Se trata de la demanda interpuesta por la cigarrera Philip Morris en contra de Australia y Uruguay, quienes tuvieron la peregrina idea de exigir a la empresa que pusiera en sus cajetillas etiquetas de advertencia de lo que ocasiona el tabaco. Hace algunos años Canadá se retractó de exigir en ese tema, ante la amenaza de la Philip Morris.

La señora Clinton, en su campaña por conseguir la candidatura del Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos, declaró esta semana su oposición al TPP. En cambio, la Conferencia de Gobernadores (CONAGO), a través de su presidente en turno, el gobernador del Estado de México, expresó su total apoyo y reconocimiento al presidente por haber impulsado y concretado este acuerdo internacional.

Una vez que se conozca en su totalidad el contenido de éste, empezará la discusión en los congresos de los doce países firmantes y, por lo que comentan los medios de comunicación, no será fácil que se acepte tal cual y seguramente habrá que abrir nuevas rondas de negociaciones, ahora sí con el conocimiento pleno de todos los involucrados, no sólo de los gobiernos, multinacionales y lobistas, sino de los legisladores y el pueblo en general, para que entendamos el por qué, según sus promotores, nos va a beneficiar.

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